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Inmaculada Concepción de María

MARIA      Hoy celebramos la solemnidad de la Inmaculada Concepción de María. Elegida para ser la Madre de Dios, fue adornada con las mayores virtudes y preservada de todo pecado. De esta forma podemos aplicarle las palabras del Cantar de los Cantares: “Toda hermosa eres María y no hay defecto en ti”. La Virgen se encontraba desposada con el joven José. Dios envió al ángel Gabriel a visitar a la adolescente María. Ésta se turbó al escuchar el saludo: “Alégrate, la más favorecida de Dios. El Señor está contigo.”. El ángel continuó: “No temas María, pues Dios te ha concedido su gracia. Vas a quedar embarazada, y darás a luz un hijo al que pondrás por nombre Jesús. Dios le entregará el trono de su antepasado David y su reino no tendrá fin”. María y José, ya desposados, todavía no habían comenzado a vivir juntos. María replicó: “No conozco varón. ¿Cómo puede sucederme esto?”. Aun recuerdo la explicación que me enseñaron cuando era niño. Como un rayo de luz que atraviesa un cristal sin romperlo ni mancharlo, así se produjo la concepción inmaculada de María. Al final, María dio un “SÍ” rotundo a la voluntad de Dios. El gozo de María porque Dios ha hecho con ella cosas grandes es también nuestro gozo. En previsión de la muerte redentora de Jesús, el Señor “la vistió con traje de gala y la envolvió en un manto de triunfo, como novia que se adorna con sus joyas.” (Isaías, 61,10). La Virgen María creyó al ángel Gabriel y nos dio a nosotros un ejemplo de fe y confianza en la divina providencia. Acompañamos a María en su espera de quien ha de venir.

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INMACULADA CONCEPCIÓN

MARIA

Hoy celebra la Iglesia, con gran solemnidad, la Inmaculada Concepción de María, madre de Jesús. En atención a sus méritos futuros, María fue preservada de toda falta o pecado desde el mismo momento de su concepción. En 1854, el Papa Pío IX proclamó el dogma de que María estaba libre del pecado original. El evangelio de hoy nos narra el anuncio del ángel del destino que Dios le había reservado. Cuando se le apareció le dijo a María: “Alégrate llena de gracia, el Señor está contigo”. En un primer momento se apoderó de ella una cierta inquietud. Era muy joven, casi adolescente todavía. Su turbación era lógica. Le dijo entonces el ángel: “No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo”. María no entendía cómo podría ser eso pues no conocía varón. Se había desposado con José, un agraciado joven un poco mayor que ella. Siguiendo las costumbres de la época, todavía no habían comenzado a vivir juntos. El ángel le contestó: “El Espíritu Santo vendrá sobre ti y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer se llamará Hijo de Dios”. María recapacitó y aceptó con pleno conocimiento del destino al que había sido llamada. Sus palabras no dejaban lugar a ninguna duda: “Aquí está la esclava del Señor. Hágase en mí según tu palabra”. María es modelo de oración y espera, de vigilancia y entrega. Llena de gracia, será considerada corredentora con Cristo por su total adhesión a las palabras del ángel.

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