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DOMINGO DE RAMOS

domingo-ramos1   El Domingo de Ramos en la Pasión del Señor es el pórtico de entrada a un mundo de contrastes en el que nuestra fe va a ser puesta a prueba. Jesús va a Jerusalén, por tercera vez, para celebrar la Pascua desde que comenzó su vida pública. Le hemos escuchado por los caminos de Palestina palabras de amor, reconciliación, paz; amor también a los que nos persiguen y calumnian. Somos conscientes que algo va a pasar. El maestro no deja de sorprendernos. Ha pedido que su cabalgadura para entrar en la ciudad sea… un pollino. Un  grupo numeroso de personas, hombres, mujeres y niños, sale a nuestro encuentro con palmas en las  manos gritando: Hosanna, es decir sálvanos. Hosanna Hijo de David. Casi vente siglos después, la imagen de Jesús entrando como un héroe triunfador no nos puede dejar indiferentes. Algo había cambiado en el rostro, en la expresión, en los ojos de ese hombre al que tantas veces hemos escuchado con emoción contenida. La liturgia nos presenta hoy los dos aspectos de este día con el que comienza la Semana Santa. Celebramos con gozo la llegada de Jesús a Jerusalén donde es recibido con palmas y gritos de alabanza. Una bofetada de realidad supone la lectura seria y solemne de la Pasión de nuestro Señor Jesucristo. En algunos momentos, mi voz se quiebra y una lágrima pugna por salir de uno de mis ojos. El maestro es un hombre robusto, pero aquella larga madrugada será puesta a prueba su fortaleza. Con la entrada de Jesús en la ciudad aumenta la actividad de los conspiradores que pretenden la muerte del maestro. Buscan la traición de uno de los suyos. Lo encontrarán.

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DOMINGO DE RAMOS

domingo_ramos       Con el Domingo de Ramos iniciamos la Semana Santa, unos días en los que vamos a conmemorar la pasión, muerte y resurrección de Cristo. La Iglesia recuerda en este día la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén, aclamado por hombres y mujeres que le han escuchado a lo largo de los pueblos y caminos de Palestina. La bendición de los ramos es una ceremonia sencilla. Después de prepararnos durante la Cuaresma, por medio de la penitencia y las buenas obras, los cristianos nos reunimos en los templos para recibir al Señor. La pasión, muerte y resurrección de Cristo son hechos históricos que suponen un aldabonazo a nuestras conciencias. En aquellas personas que recibieron a Jesús revivió la esperanza de que venía aquél que estaban esperando. A la entrada de Jerusalén, mientras alfombraban el camino con sus mantos, reconociéndole como Rey, gritaban: “Bendito el que viene en nombre del Señor. Paz en el cielo y gloria en lo alto”. Fueron muchos los que siguieron a Cristo en ese momento de triunfo, pero pocos los que lo acompañaron en su pasión y muerte. En la solemne liturgia del día, escuchamos con recogimiento la proclamación del “tercer cántico del siervo de Yahvé”, que todavía me impresiona. Isaías  nos habla del siervo que se entrega a nuestro servicio. Cristo es el siervo fiel. En medio de un respetuoso silencio, escuchamos conmovidos el duro relato de la Pasión. Emocionado, cada vez que lo leo o escucho, puedo encontrar algo nuevo en este duro relato de la donación total de un Dios que, hecho hombre, se entregó sin límites  hasta la muerte. Por eso, ante la presencia del Señor, que toda rodilla se doble en el cielo y en la tierra.

CRISTO HA MUERTO

REFLEXIONES AL PIE DE LA CRUZ EN EL DÍA DE VIERNES SANTO.

cristo-capilla-santisimo-101No es fácil comprender los sentimientos que tengo en estos trágicos momentos. Las imágenes de estos días pasan ante mis ojos sin que sea capaz de hacer una síntesis de lo ocurrido. ¿Puede el Hijo de Dios morir?, pregunto al teólogo. No obtengo respuesta. Quien no hizo daño a nadie, ni pudo merecer reproche alguno, cargó sobre sus hombros nuestros pecados, llegando a ofrecer su vida en supremo holocausto. Le he seguido por los caminos de Palestina, he escuchado sus enseñanzas en parábolas que en la actualidad siguen teniendo plena vigencia. Las Bienaventuranzas, en el Sermón de la Montaña, rompieron un sistema de valores al que nos habíamos acomodado. Te pones, Señor, al lado de  los que sufren, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los limpios de corazón, los que buscan la paz. Qué distinto de nuestro mundo egoísta, donde queremos subir escalones en la sociedad, no dudando en pasar por encima de quien se ponga delante sin aceptar otras razones que las nuestras. Mi fe es, a veces, frágil y puede sucumbir ante las acometidas del demonio. Corremos, como Judas, el riesgo de traicionarte. No comprendemos tu amor y misericordia. Tengo plena confianza de que siempre acoges un corazón arrepentido. Duro y cruel fue tu Vía Crucis. Cuando, camino del Calvario, llevabas el madero de la Cruz, ¿dónde estaba yo para ayudarte y acompañarte en tu tormento? No encuentro razones para entender tu amor sin límites, tu entrega hasta el final. ¿Qué respuesta podemos dar, desde nuestra pequeñez, cuando te muestras en el rostro de ese huérfano, enfermo o desamparado? Confías en nosotros, pero no te reconocemos. En estos momentos de dolor y recogimiento, podemos elevar nuestra súplica, meditar sobrecogidos sobre los límites de nuestra condición humana. ¡¡CRISTO HA MUERTO!! Resucitará como lo había anunciado.

JUEVES SANTO

Jueves SantoHoy es Jueves Santo, un día importante de la Semana Santa que se celebra con fervor y devoción en muchos lugares de España. La liturgia nos invita a profundizar en el misterio de Cristo. Quien quiera seguir su ejemplo deberá sentarse a su mesa y ser espectador atento de todo lo que aconteció en aquella noche santa. En el Cenáculo, se reunió, por última vez, con sus apóstoles, a celebrar la cena de Pascua. Tengo razones para creer que María estaba presente y acompañaba a su Hijo en aquellos decisivos momentos. Como signo de humildad y sencillez debemos considerar que Jesús lavase los pies a todos sus discípulos, pidiéndoles que ellos también se los laven unos a otros. En la liturgia, el sacerdote lava los pies a doce feligreses. El evangelio de San Juan presenta a Jesús “sabiendo que el Padre había puesto todo en sus manos, que venía de Dios y a Dios volvía, nos da un ejemplo de amor hasta el límite”. A todos nos escucha y acoge sin reservas. En aquella memorable noche, quiso quedarse, sacramento permanente, en forma de un pan y un vino convertidos en su Cuerpo y en su Sangre para todos que, con fe, quieran recordarle y aguarden su venida definitiva al final de los tiempos. De esta forma, antes de ser entregado a sus enemigos, Cristo se entrega como alimento.  Así quedó constituida la Eucaristía.

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CRISTO HA MUERTO

CRISTO CRUCIFICADOHoy es Viernes Santo. Un hombre agoniza, colgado de una cruz. Tanto amó Dios a los hombres que entrega a su propio Hijo, que muere víctima de nuestros pecados. Así, la Cruz que era el castigo cruel e inhumano que se aplicaba a los esclavos es símbolo ante el que toda rodilla se doble en signo de respeto y admiración. Hoy no se celebra la Eucaristía. El altar luce sin mantel, sin cruz, sin velas ni adornos. Recordamos la muerte de Jesús.

Es duro recordar los hechos de aquella larga madrugada. Media noche era cuando, en el huerto de Getsemaní, entregado por Judas, fue detenido. Llevado al Sanedrín, fue interrrogado por Anás y Caifas. Ya amanecía cuando llegó a la Fortaleza Antonia, donde sufrió un duro interrogatorio de Pilato y fue flagelado. Nada respondió a falsos testigos que llegaron. Sí, Jesús es Rey, pero su reino no es de este mundo. Pilato, duda, pero cede ante las amenazas de la plebe. Sabe que condena a un hombre inocente, pero prima su seguridad. Se siente amenazado. A media mañana, cargado con la Cruz, Jesús inicia el recorrido de los 700 metros de camino hasta el Gólgota. Tres veces cae bajo el peso de nestras culpas, víctima de nuestra ingratitud. Le sigue su madre y otras mujeres. El drama sigue su curso. Fue crucificado entre dos ladrones. Sus sentimientos, en la hora final, fueron de perdón para sus ejecutores. A las tres de la tarde dijo sus últimas palabras: “En tus manos encomiendo mi espíritu”.
Esta es nuestra fe y éste mi testimonio.

UN SUPREMO ACTO DE AMOR

CRISTO CRUCIFICADO

Las celebraciones del Viernes Santo son fundamentales en la vida cristiana. En este día de dolor contenido y recogimiento, se conmemora la muerte de Jesús, que dio su vida en remisión de nuestros pecados. Él, que no tenía culpa alguna, echó sobre sus hombros nuestras infidelidades. Víctima  de un juez inicuo, sin defensa, es condenado a muerte y puesto en manos de sus enemigos. Pilatos, ante los gritos de la turba, tiene miedo. Tras interrogarlo, es consciente de que el hombre que ha sido presentado ante él es inocente, pero hará prevalecer la razón de Estado. Va a producirse un crimen político, un grave error judicial, pero el Procurador romano, consumado el hecho, se lavará las manos tratando de eludir su responsabilidad. Carga el Señor, camino del Calvario,  el madero de la Cruz. Tres veces cae bajo su peso, víctima de nuestra ingratitud. Tres postes esperan, en la cima del monte, la llegada de los reos. Se acerca el momento final del gran drama. Jesús, el Salvador, es crucificado. A su lado, Dimas y Gestas, los dos ladrones, compartirán su suplicio y le acompañarán en el momento postrero. A la hora nona, se oye la voz agonizante de un hombre moribundo: “Todo está cumplido”. Poco después, en medio de un dolor insoportable, exclama haciendo un último esfuerzo: “En tus manos encomiendo mi espíritu”. Jesús, el Hijo de Dios acaba de morir.
Esta es nuestra fe y éste mi testimonio.

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DOMINGO DE RAMOS

DOMINGO DE RAMOSDesde que comenzó la vida pública de Jesús, por tercera vez, acude a Jerusalén a celebrar la Pascua con sus discípulos. A la entrada de la ciudad, es recibido con palmas y gritos de alabanza. “Hosanna. Hosanna. Bendito el que viene en nombre del Señor.” Este es un día de contrastes, de sentimientos encontrados. Finaliza la Cuaresma, que había comenzado el Miércoles de Ceniza y  se inicia la Semana Santa con la bendición de los ramos. El punto fuerte de la liturgia este día es la lectura en la Eucaristía del relato de la Pasión y muerte de Jesucristo que da su vida por nosotros. Es la entrega total, el supremo sacrificio. Pocos días después, ante una masa de gente congregada ante el Pretorio, será condenado a muerte y a muerte de cruz. Este suplicio estaba destinado a los esclavos. Es una aparente derrota, pero nosotros no entendemos la lógica de Dios. Al tercer día, resucitará como lo había anunciado. Su mensaje de amor, entrega y sacrificio ha llegado hasta nosotros y está plenamente vigente.

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